Qué quincenita 2

Este es un texto sobre censura.

El 23 de julio de 2020, a través de sesión de meet, la Gerencia de Artes Plásticas y Visuales del IDARTES convocó a Carolina Ponce de León —autora de El efecto mariposa: ensayos sobre arte en Colombia 1985-2000, Santiago Rueda —autor de Autorretrato disfrazado de artista. Arte conceptual y fotografía en Colombiay Juan David Laserna —ganador de la novena versión del Premio Luis Caballero con su proyecto Set—, a conversar con el artista Edwin Sánchez, quien obtuvo el accésit de la décima edición de este evento con el proyecto Torcido.

La cuestión empezó bien: a tiempo, todo el mundo conectadito. Es más, iba tan suave que amenazaba con convertirse en una soporífera charla como aquellas que se acostumbraban en la, por fortuna, extinta Flora. Sin embargo, poco después de que Catalina Rodríguez, Gerente de Artes Plásticas de la entidad, invitara a los asistentes a expresar su opinión a través del chat de la sesión, un desconocido Iván Schiller Guarnizo quiso enmierdarlo todo preguntándole directamente a ella «lo siguiente».

Ese «lo siguiente» era la transcripción descontextualizada del primer párrafo de una carta que la Directora de Artes del Ministerio de Cultura, Amalia de Pombo Espeche (de ahora en adelante, Amalia de Tombo, para aclararnos), dirigiera ese mismo día a Catalina Valencia, Directora del IDARTES, indicándole que el Ministerio no iba a seguir invitando a la gente a darle like a «cualquier actividad relacionada con el Premio Luis Caballero en su versión 2020, hasta tanto no se hayan esclarecido los hechos asociados al premio, y se haya adelantado el debido proceso, no con esto queriendo establecer ningún tipo de censura al artista implicado…»

La razón de esta curiosa afirmación de De Tombo era que se había instaurado una presunta-denuncia-presuntamente-pública contra el artista Edwin Sánchez, por presunta violencia basada en género. Y como era de esperar, el Área del Ministerio bajo su mando, diligente como «ha sido» en todo lo que haya tenido que ver con los artistas de base durante la pandemia —cambiar fechas de convocatorias a la maldita sea, impugnarles tutelas porque sí—, envió la cartica a varios medios de arte contemporáneo del país para extender la nube de Agente Naranja como correspondía.

Por su parte, Sánchez respondió en la misma sesión a Schiller Guarnizo. Básicamente, le indicó que en razón de que la presunta-denunciapresuntamente-pública no existía, el caso estaba en manos de la Fiscalía para aclarar las cosas. Como, a pesar de todo, Schiller Guarnizo no era pendejo, inmediatamente entendió que si seguía haciéndole la tareíta a Amalia de Tombo, formulando preguntas respecto a una presunta-denunciapresuntamente-pública, de ahí en adelante iba a pasar de ser buen lacayo a implicarse en un caso sobre el que, según se supo, nadie sabía.

Pero la persecución no se detuvo ahí. Como la cuestión era convertir al Área de Artes Visuales del Ministerio de Cultura en el nuevo «espacio seguro para afrontar las denuncias sobre violencia basada en género», al día siguiente esa oficina envió otra cartica. Esta vez a nombre de un presunto Consejo Nacional de Artes Visuales, conformado por una aberrantemente desigual cuota de género (6 varones, 2 mujeres) (1). Los firmantes, además de reiterar las acusaciones de De Tombo, pasaban a la acción regañando a Sánchez como hacen los Consejeros de Artes Visuales mandaderos. Básicamente exigían que «desde una perspectiva de ética profesional [el artista] debería considerar retirarse del premio».

Hasta ahí, todo muy bien: grupito de presuntos Consejeros Nacionales de Artes Visuales decide implicarse en algo de lo que no tiene ni idea por voluntad «propia». Lo preocupante aquí fue que, acto seguido, ese mismo grupete amenazaba específicamente a Sánchez instándolo a abstenerse de participar en «cualquier otro tipo de convocatorias, hasta que su situación quede resuelta.» Es decir, que basándose en la misma «perspectiva de ética profesional» que le pedían al artista, estos presuntos Consejeros le advertían que a partir de la difusión de su cartica Edwin Sánchez nunca jamás iba a tener absolutamente ningún derecho de participar en cualquier convocatoria de artes del país —o del continente o del planeta o del cosmos entero.

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En su investigación sobre la historia de la crítica de arte en Colombia, el especialista Efrén Giraldo recordaba que la misma Carolina Ponce de León que fue jurado del X Premio Luis Caballero, había identificado una actitud bastante parecida a la de Amalia de Tombo & Cía., durante el siglo pasado. Cuando las instituciones artísticas del país estaban re-adaptando sus enfoques curatoriales y metodologías de trabajo al enfoque postmoderno entre las décadas de 1970 a 1990, Ponce encontró que la actividad crítica

«… como actividad independiente de evaluación y conceptualización había quedado neutralizada por la vinculación de las figuras más importantes de la crítica posteriores a Marta Traba a instituciones que, antes que nada, debían ser defendidas y por cuyas cuotas de representación y burocracia debían velar.» (2)

Es decir que durante la segunda mitad del siglo XX, el campo artístico nativo observó un a una mini-guerra civil de tres décadas con microteatros de operaciones en cada ciudad principal. Así, para el caso bogotano los antagonistas eran la artista Beatriz González y el antropólogo Eduardo Serrano (acuartelados en la colección de Arte de la Biblioteca Luis Ángel Arango o el Museo de Arte Moderno, respectivamente), mientras la revista Arte en Colombia fungía de «Frente Nacional dentro de la incipiente guerra entre críticos.»(3) Al parecer, aquella fue una época donde la discusión y el debate continuos condujeron al veto de publicaciones entre espacios, el boicot mutuo de eventos y la inscripción de artistas a favor de una u otra posición.

Es decir, lo que aquí estaban tratando de replicar De Tombo & Cía, pero mal y peor. Mal: Amalia De Tombo utilizó a los integrantes de un presunto Consejo Nacional de Artes Visuales para neutralizarlos poniéndolos a velar por «cuotas de representación y burocracia». Peor: quién sabe por recomendación de qué funcionario del Ministerio de Cultura la empleada De Tombo decidió recurrir para su veto y censura generalizada hacia Sánchez, al abusivo manoseo de las luchas contra la violencia de género. A punta de cartas, De Tombo & Cía creyó que había puesto un asunto tan delicado y urgente en la agenda de un Ministerio que en lo que va de este [Des]Gobierno, se ha declarado como adversario directo de los artistas que debería representar. Entre comunicado y comunicado, el área de Artes del Ministerio de Cultura terminó pintándole la cara de naranja a las reinvindicaciones feministas. Un cabrillazo ideológico que bien podría no gustarle mucho a las colectivas asociadas en torno a la lucha contra toda forma de violencia hacia la mujer.

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A tanta turbiedad hay que añadir algo más. El 16 de junio de este año, el noticiero CM& publicó en su sección Secretos CMI, que a raíz de la próxima elección del nuevo Procurador General de la Nación y del nuevo Defensor del Pueblo comenzarían a darse relevos en el gabinete ministerial. Dentro de las opciones se mencionó «y muy fuerte, el nombre de la actual [Des]Directora de ArtBo, María Paz Gaviria.» Hasta ahí, todo muy bien: funcionaria de empresa privada reconocida por su desempeño rigurosamente mediocre, es premiada con puerta giratoria para ponerla a [des]dirigir la cartera más débil del Ejecutivo. Lo preocupante aquí es que, además de saberse que Gaviria no destaca mucho al frente de la administración de nada, al llegar a ese Ministerio trabajaría con la misma Amalia de Tombo de las carticas que se han venido comentando.

En este punto hay que visitar el perfil de De Tombo en el Ministerio de Cultura. Allí se lee que «fue directora de Desarrollo y Comunicaciones del “Hay Festival” en Colombia» y que «de 2007 a 2012 dirigió diversos proyectos en CORFERIAS, entre ellos Expoartesanías, la Feria del Libro de Bogotá (FILBO) y el Salón del Ocio y la Fantasía (SOFA)». Para aclarar, el Hay Festival cuenta entre sus patrocinadores con la cadena de producción de noticias falsas RCN y el banco más adorado por la endeudadísima ciudadanía colombiana. De otra parte, Expoartesanías, FILBO y SOFA tienen vínculo directo con CORFERIAS, «sociedad de carácter privado, que impulsa el desarrollo industrial, social, cultural y comercial en la Región Andina, Centroamérica y el Caribe [cuyo] principal accionista es la Cámara de Comercio de Bogotá.» Y, sólo por no dejarlo pasar, ArtBo es un programa impulsado desde esta misma Cámara de Comercio de Bogotá.

Entre esa maraña de cargos, vínculos y una Avara de Comercio de Bogotá plagándolo todo, resulta útil volver a pensar en ese sector de la crítica de arte colombiana que estudiara Ponce de León e imaginar a críticos dedicados a defender «cuotas de representación y burocracia» en sus apariciones públicas. Sólo que aquí De Tombo no hace crítica ni defiende una institución. Más bien, se puso la camiseta feminista para bajarle presión a su luctuosa gestión, comenzó un partido de fútbol donde sólo la acompañan unos presuntos Consejeros Nacionales de Artes, sudó el trapo con denuedo inquisitorial y luego, cuando llegue a posesionarse Gaviria, se lo pasará debidamente sudado.

Es bastante difícil creer en la sinceridad del rechazo hacia «cualquier tipo de violencia basada en género» de parte de Amalia de Tombo & Cía. Sobre todo porque, si desde su despacho se viene adelantando «un proceso de articulación con la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer que tiene por objetivo establecer una ruta de acción intersectorial frente a situaciones de violencia basada en género», deja mucho qué desear el que hubiera empezado con un programa de censura basado en acusaciones sustentadas en presuntas-denuncias-presuntamente-públicas. Con ello sólo dejó una tufarada de oportunismo y cooptación que quizá no sea de buen recibo en el movimiento feminista. Alguien debería aprovechar y decirle a Amalia de Tombo que mejor sería si no se desgasta allanándole el camino a la próxima jefa. Seguramente ni se lo agradecerá.

Notas

1.- Los firmantes de esta misiva fueron: Dayro Carrasquilla (varón), Hermes Murgas (varón), Ivan [sin tilde] Schiller Guarnizo (varón), Claudia Salamanca (mujer), Sandra Rojas (mujer), Juan Carlos Jiménez (varón) y Rafael Cárdenas (varón).

2.- Efrén Giraldo, La construcción del concepto de lo contemporáneo en la crítica de arte en Colombia, de Marta Traba a esferapublica. Disponible en: https://www.academia.edu/916981/La_construcci%C3%B3n_del_concepto_de_lo_contempor%C3%A1neo_en_la_cr%C3%ADtica_de_arte_en_Colombia_de_Marta_Traba_a_Esfera_P%C3%BAblica_Seis_momentos_veinte_tesis_cinco_

3.- Carolina Ponce de León. El efecto mariposa. Ensayos sobre arte en Colombia, 1985-2000. I.D.C.T. Bogotá, 2005, pág. 262.

Guillermo Vanegas
En 2010 fundó Reemplaz0, donde realiza curadurías históricas y de arte contemporáneo. Fue curador de los 13 Salones Regionales de Artistas y del 44 Salón Nacional de Artistas. Trabajó en la Oficina de curaduría del Museo Nacional de Colombia y la Gerencia de artes de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño. Recibió la Beca de investigación monográfica del Ministerio de Cultura de Colombia en 2015, el Premio Internacional de Crítica de Arte de la revista Lápiz en 2005 y Premio de Ensayo Crítico, otorgado por el I. D. C. T, ese mismo año. Desde 2007 se desempeña como profesor en varias universidades bogotanas. A partir de 2016 coordina la sala de exposiciones ASAB.
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