#MeCosíLaBocaX… ¿la paz?

Jhon Fitzgerald, el escultor colombiano que se cosió la boca por la paz, ha sido el tema de conversación en redes los últimos días. Luego de hacer un pequeño seguimiento a lo que está sucediendo decidí dar mi opinión, abordando varios conceptos que me ha evocado su decisión sobre el modo de realizar una protesta.

Desde que empezó a visibilizarse su decisión de protestar con la boca cosida, vi que ahí había una performance, es decir, entendiéndola como una práctica donde se puede canalizar un sentimiento de la manera más intensa posible, llevar una idea hasta el final y comprometerse con esa idea a la vez que se establece cierto desapego de la misma. Ahora bien, ¿se la puede ver como una práctica hipócrita? No, porque ella misma no procede directamente del cinismo.

Entonces, ¿por qué partí de este punto? Simple, hay un vídeo donde el escultor se muestra como ferviente creyente de Oscar Iván Zuluaga, candidato que propone como la mejor opción para la presidencia del país en las elecciones del 2014. Zuluaga, candidato del mismo partido que gobierna en la actualidad, que ha activado todas las alarmas por los hechos violentos –en el sentido más amplio de la palabra– que han ido en aumento en varias regiones del país (y contra los, al parecer, estaba en desacuerdo Fitzgerald durante su performance). Cierto es que aunque el artista haya apoyado al partido de Zuluaga, ello no significa que esté totalmente en contra de una idea de paz e igualdad social. No obstante, ya en este punto la pregunta va más hacía qué está entendiendo Fitzgerald por esos términos. En este orden de ideas, continuamos con un análisis sobre su discurso en la propaganda a favor de Zuluaga, donde dice:

…“como el artista que pintó el cuadro más grande por la paz en 72 horas sin dormir y en completo silencio, digo ya no hablemos de paz, hagamos paz; menos palabras, más hechos; por Colombia, por nuestra gente.”

Vemos que el componente del silencio es una constante, pero aquí me surgen varias incógnitas: ¿Por qué no hablar de paz? ¿Cuál es la paz que debemos hacer? ¿La paz del partido que quería acabar con la guerrilla a plomo? ¿La paz donde las víctimas son una cifra? ¿La paz del gobierno de las ejecuciones extrajudiciales? Además, ¿Acallar la paz? ¿No es acaso esa expresión un poco violenta en un país donde la constante es callar la gente a las malas? Pero, sobre todo, ¿Cuál es el concepto de silencio que quiere mostrar/ discutir/ vender el artista?

Por otro lado, pasando a la parte en que Fitzgerald hizo más literal su discurso del silencio (al coserse la boca con el fin de no ingerir ningún tipo de alimento ni líquido), quisiera hablar del concepto de secularización de una práctica religiosa como la inmolación. Aunque en este caso, desde una carga política donde la idea de martirización del cuerpo no produce la reivindicación de un Yo, sino que pretende un bien colectivo. Y que no se vio de manera clara en todo lo sucedido, sino que se limitó a una performatividad que obedecía a los intereses del ego.

¿Por qué asumo esto? ¿De dónde saco estas conjeturas? Sencillo, de la obra del escultor mismo. Si bien, es necesario partir de un análisis de la obra en sí misma, no podemos olvidar que ésta es resultado de un sujeto-creador y que este sujeto-creador posee un lugar de enunciación, unas condiciones de producción y unas posiciones políticas, y, adicionalmente, que esta obra puede reflejar o no dichas posiciones. Sin embargo, considero que concentrarse en uno de los espectros y anular el otro es algo completamente peligroso, porque estos sujetos y estas imágenes siempre terminan existiendo en función de algo.

La obra de John Fitzgerald, o al menos las más reconocidas, consisten en imágenes que son fácilmente localizables puesto que referencian figuras públicas como Egan Bernal y Dilan Cruz (2002 – 2019); además, fueron creadas en fechas muy cercanas a hechos que tuvieron de boca en boca a estas figuras como la victoria de Bernal en el Tour de Francia y el lamentable asesinato de Cruz ejecutado por un miembro del ESMAD. En varias entrevistas, Fitzgerald ha manifestado que ha pedido ayuda económica tanto en entidades públicas como privadas hasta conseguir ese apoyo requerido. ¿Qué es lo que pasa aquí?

Aunque esta práctica es común en los artistas colombianos, pretender materializar la imagen de esas personas en este tipo de contextos es una actitud que obedece también a una nostalgia del mecenazgo propia de la época renacentista. Es decir, la del artista que pintaba figuras de la realeza –o encargos de la misma– para conseguir apoyo económico, al mejor estilo de Miguel Ángel o Da Vinci con los Médici. Es por eso que en sus acciones, Fitzgerald muestre un interés obsesivo con poner a figurar su nombre, llegando incluso a disponer y administrar las causas populares con el fin de crear un valor de exhibición que le dé un capital simbólico que reafirme su yo-creador. Sumado a esto, quiere hacer creer que es profunda sensibilidad lo que sólo aparece como vanidad que contribuye a la estetización de la política y sus agentes, y una –para mí– peligrosa despolitización del arte.

Por otro lado, durante el performance del escultor apareció una denuncia por parte de una de sus hijas, Juana Fitzgerald. Según ella:

“… el mismo artista que abandonó a dos de sus hijas, no responde por ellas y dice luchar por los derechos de los jóvenes? Solo veo egoísmo e interés personal (…) quiere ser un mártir a costa de los demás, antes de alabar a un hombre conozca su historia, machismo, misoginia, homofobia y hasta violencia”.

Aquí me parece importante recalcar el hecho de no separar a un artista de su obra. Lo personal es político y me parece incoherente que hablar de paz con un discurso pasivo-agresivo donde se hace referencia al acallamiento de la misma, es tan incoherente como hacer esculturas como la de Dilan Cruz si se apoya al partido que financia el abuso de poder que llevó a su asesinato por parte por parte de las fuerzas armadas. Es incoherente hablar de lucha contra la violencia estatal mientras se está incurriendo en otros tipos de violencia en los espacios privados. Construir paz es no sólo coserse la boca y llenarse de letreros, es un acto político que requiere de una rigurosidad y compromiso que, al parecer, al artista John Fitzgerald se le ha ido en ganas de figurar a toda costa.

–Anggie Marcela Hernández

Anggie Hernández
Estudiante de artes plásticas y visuales de la UDFJC, feminista en constante aprendizaje que en sus tiempos libres hace collage y dibujos.
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