Los Peones II

El estado del arte en Medellín y el ajedrez del arte contemporáneo. Los Peones II

Sobre políticas culturales

Con relación a las “políticas culturales”, los artistas piden que se tengan en cuenta muchos más procesos experimentales en los presupuestos para los proyectos, tanto para los espacios autogestionados, como para los apoyos estatales y municipales, las becas de creación y las residencias, entre otros. Angélica Teuta señala que sería importante revisar otros modelos de políticas culturales que existen, por ejemplo, en Canadá u Holanda, donde los fondos y apoyos económicos apuntan a incentivar la interdisciplinariedad y la no-individualidad. “En estos países, se entiende al artista como un profesional, que recibe honorarios monetarios por su labor, y se apoya y educa a la sociedad en proyectos de inclusión y diversidad”.

En relación con este tema, Claudia Elena Velázquez, presidenta del Consejo Municipal de Artes Visuales, responde de la siguiente manera:

Existen diferentes tipos de espacios relacionados con prácticas artísticas, por ejemplo, los estatales (Equipamentos Culturales, Casas de la Cultura, etc.), los independientes y los comerciales (galerías). Para abordar los espacios estatales, me referiré puntualmente a los Equipamentos Culturales de la Alcaldía de Medellín, los cuales absorben casi el 80% del presupuesto total destinado al arte y la cultura de la ciudad y que, deberían ser fortalecidos a través de alianzas público-privadas, pues la Alcaldía reiteradas veces ha hecho el llamado a los independientes a ser ¨autosostenibles¨ para no depender ¨exclusivamente¨ (como si esto fuera real) de los presupuestos públicos. Habría que hacer entonces un llamado a la Alcaldía a aplicar lo que promueve, haciendo mejores gestiones para que los equipamentos sean también autosostenibles sin que se privaticen o se vuelvan vallas publicitarias. El ejemplo es el que enseña.

(…) los espacios independientes necesitan un mayor fortalecimiento por parte del Estado a nivel legal, presupuestal y de capacitación. Si, por ejemplo, el casi 80% del presupuesto de la Alcaldía no se fuera para los Equipamentos Culturales (por no mencionar la falta de ejecución de presupuestos como el caso del Instituto de Patrimonio y Cultura en el 2016), podrían generarse proyectos de fortalecimiento a estos espacios que son los más asequibles a los artistas que buscan darse a conocer en el medio artístico. Espacios que, además, con la nueva ley de contratación con el Estado, se ven profundamente afectados al no poder cumplir con los excesivos requisitos que poco o nada tienen que ver con el control y la anticorrupción, pero sí mucho que ver con la tendencia permanente a fortalecer a los que no necesitan ser fortalecidos. Es necesario identificar los espacios que ya llevan procesos para darles su merecido fortalecimiento y, apoyar el emprendimiento de cada nuevo espacio que abre sus puertas. Es de vital importancia generar un real empoderamiento del arte y la cultura como industria, de cara a la implementación de la lesiva Economía Naranja, una ley devastadora para el sector teniendo en cuenta que no hay una real industria del arte en Colombia.

En general considero que el Estado debe permitir la actualización de las políticas culturales con la participación de los artistas y los gestores quienes, si queremos realmente que se construyan mecanismos que nos beneficien, debemos unirnos: los más grandes con los más pequeños; los de teatro con los de artes plásticas, literatura, música, danza, y demás áreas; los profesionales con los empíricos; los contemporáneos con los tradicionales; y así sucesivamente. Urge construir en común acuerdo un verdadero escenario de beneficios y aportes colectivos para el fortalecimiento del sector a nivel local, regional y nacional, promoviendo lo nuestro y consumiendo a su vez lo que nosotros mismos hacemos.

Tácticas en el tablero ¿Un ambiente hostil, individualista y principalmente envidioso?

Como en todo juego, existen estrategias que nos pueden asegurar la victoria o, en algunas ocasiones, el fracaso. En ajedrez la táctica es un movimiento o una combinación de éstos que se encamina a conseguir un objetivo particular que puede ser tomar material al adversario (tus amigos influyentes ahora son mis amigos influyentes), mejorar la posición propia (ahora hago parte de este museo o ahora soy curador de este evento), o bien, facilitar el mate (este lo dejo a su imaginación). En el ajedrez hay varias tácticas, las cuales a veces también pueden comportar la victoria inmediata (jaque mate), algunas de las más conocidas son: Doble ataque directo, doble ataque por descubierta, Doble ataque a piezas que se tapan, piezas sobrecargadas y ataque a la pieza que defiende, jaque al descubierto, jaque doble, y el conocimiento de estas tácticas y estrategias distinguen con frecuencia a un jugador intermedio o uno avanzado de un novato. ¿Alguna coincidencia?

Probablemente, de esto no se habla muy a menudo en otras publicaciones porque las palabras hostilidad, individualismo y envidia suenan de “mal gusto” para nuestro sofisticado y sincero mundo del arte.

Puedo entender que como humanos no podamos dejar de sentir celos profesionales por aquel que asoma la cabeza más alto, pero una cosa es asumir el mérito ajeno con tranquilidad y otra, que por física envidia queramos cortarla. Este sentimiento se produce porque creemos merecer todo lo que tienen los demás, siempre deseando lo de otros, y somos tan insensatos que ni siquiera nos ponemos a pensar si eso sería medianamente posible o si, por el contrario, queremos reconocimientos y méritos por cosas que no hemos hecho, que no hemos estudiado, que no hemos trabajado y que no dominamos. “Las prácticas artísticas en Medellín están cada vez más enfermas; por encima hay demasiado, pero en el fondo no hay tanto. Lo que sucede en el contexto artístico de la ciudad se caracteriza por la deshonestidad, así que mucho de lo que puede percibirse no es más que una falsedad” considera Erika Sosa.

En nuestra ciudad no existe mucho el trabajo en equipo, y es probable que, por asuntos de hostilidades entre nosotros mismos, no logramos ninguna clase de avance conjunto que nos genere lazos fuertes desde proyectos culturales que nos fortalezcan como ciudad, por lo cual, tenemos que dejar que los de afuera (como siempre pasa) nos vengan a decir cómo tenemos que hacer las cosas en Medellín. Por lo tanto, parece que nuestro nivel de competencia se reduce a denigrar a los demás (que no es hacer crítica) y no en realizar un excelente trabajo, a sobresalir por disciplina, constancia o dedicación, sino que estamos inmersos en una competencia rastrera, desleal y malsana. Aquí no respetamos mucho al otro, ni a sus eventos, ni a sus espacios y no hemos logrado hacer trabajos de “colaboración” entre nosotros mismos porque colaboramos más plácidamente con lo foráneo.

Frente a esto, los artistas más jóvenes que se encuentran en un proceso de visibilización, deben franquear dificultades tan diversas como la molesta tarea de estar haciendo lobby en cuanto evento aparece (bueno o malo) y se sienten especialmente estresados porque no saben justamente a quienes le deberán mostrar lealtad.

La artista Mari Luz Gil señala que un factor que impide que los espacios surjan, o se desvanecen con rapidez, es la falta de organización por parte del gremio, más compromisos, fortalecer los colectivos artísticos, porque el pensamiento individualista entorpece el trabajo en colectivo, pues la producción artística siempre requiere del otro.

Milena Contreras es más positiva y como artista emergente ha visto que en los últimos 5 años Medellín ha vivido un crecimiento en al ámbito cultural… “Creo que Medellín está viendo la luz y poco a poco se convierte en un referente artístico en Latinoamérica más allá de Botero, y este reconocimiento se debe a los artistas que han empezado a circular. Esto lo entiendo como la materialización del talento que gracias a la apertura por parte de las instituciones a los artistas de mediana trayectoria. Con esto no quiero decir que Medellín deba alcanzar un ideal o un estatus frente a otras ciudades o países, es más bien el reconocimiento que viene al empezar a entenderse a sí misma, como una ciudad más allá del conflicto y el narcotráfico”.

¿Y el público?

El artista Juan Fernando Vélez fue agudo en tocar un punto que no había sido considerado en esta conversación y es la participación del público, pues sabemos que el éxito o el fracaso de los eventos tanto institucionales como en los espacios autogestionados, depende mucho de la acogida del público espectador y en el interés que generen las actividades. ¿De qué sirve realizar muchos eventos en Medellín si no hay un público interesado al cual presentarlos? Quizás, gran parte del problema es que el público es lo menos importante para toda la dinámica artística, cuando en realidad deberían ser también de una importancia esencial. Así Juan Fernando Vélez señala que: “Quizás el problema no sea de los espacios para el arte sino de la gente que no va a los mismos. Los artistas hacemos arte para otros artistas y para un público especializado que, si bien consume el arte desde la vivencia, no lo consume para tenerlo, para adquirirlo. Y hablo desde el territorio de las artes visuales, pues en otros territorios como el de la música, el teatro y la danza, la taquilla salva un poco la situación.

Lo que necesitamos en Medellín es formación de público, lo que no tiene Medellín es un público que encuentre sentido al arte. Esta situación es bastante compleja, quizás dinamizar y estructurar los espacios existentes con enfoques hacia la formación sea una solución para proyectar a largo plazo”.

Tenemos por lo menos 4 instituciones formales que gradúan artistas de las diversas disciplinas todos los semestres, sin embargo, el arte y la cultura en general, son temas de relleno en el sistema educativo a cualquier nivel y estrato. La calidad de la producción artística en Medellín es alta, pero la distancia con el público es enorme, ¿dónde está el problema? La respuesta abarca todo un sistema intrincado, una combinación de política, economía, realidad social y educación”.

Además de la relación entre el público y las obras de arte, cabría aquí señalar que esta relación puede ser fomentada desde algunas propuestas que se interesen por el público mismo; así para Pablo Gómez, “la producción artística de Medellín pareciera que tiene un “guayabo” Moderno, es decir, la obra parece que todavía existe en el vacío, desligada de cualquier responsabilidad con el contexto. En otras palabras, las obra y su significado son articulados desde lo formal. En cierto sentido esto no tiene nada de malo, pero este tipo de operación se encuentra en muchos espacios expositivos de la ciudad y las hace muy repetitivas y poco arriesgadas. En mi opinión, la ciudad debe hacer esfuerzos en mostrar más obras que hacen parte y son generadas por un contexto social, económico y político con características muy particulares. Es desde ese contexto y sus condiciones particulares que artista, crítica o público especializado debe abordar la obra y su contenido y no netamente desde el aspecto formal”.

Conclusiones parciales

-El artista necesita revisar más conscientemente la calidad de su producción y debe ser autocrítico con su trabajo.

-Se necesita estructurar mejor las dinámicas y los contenidos de producción, así como las estrategias de difusión de los espacios existentes para el arte (sean autogestionados, públicos o privados) pero no precisamente se necesitan más espacios.

-El medio paisa debería dejar de mirar como única posibilidad de validación lo foráneo.

-Los artistas necesitan dejar tanta hostilidad aprendiendo a trabajar en equipo y no solo interesarse en procesos individuales.

– Hay que incrementar los espacios para la formación de públicos, porque el desconocimiento produce una desgana general por los eventos y las exposiciones.

-Los artistas deberían prestar mayor atención a realizar tipos de obras más arriesgadas, no solo desde lo formal, sino desde los temas que trata, sin descuidar su relación con el contexto y el público.

Ursula Ochoa
Vive y trabaja en Medellín.
Aficionada a los libros. Es maestra en artes plásticas, diplomada en Periodismo cultural y crítica de arte. Estudió Estética y Teoría del arte en el siglo XVIII con la Universidad de Cádiz y estudió filosofía en la Universidad de Antioquia. Escribe sobre arte, trabaja con la revista La Artillería de la ciudad de Medellín, colabora con la revista Internacional de Arte Contemporáneo Artishock y escribe para el suplemento cultural Palabra y Obra del periódico El Mundo.
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