Encuentro de estilos

El Meeting of Styles, es un evento internacional de graffiti y arte urbano (suponiendo que estos no sean lo mismo), que invita artistas de todo el mundo y en el cual se espera ver lo mejor de lo mejor. Fue en 1997 cuando se dio el primer encuentro de la élite del graffiti en un lote abandonado de un antiguo matadero de la ciudad de Wiesbaden en Alemania, después de esto el evento se popularizó. Pero no fue sino hasta el 2002 que Meeting of Styles (MOS) se configuró como una organización que impulsaría y patrocinaría la práctica del graffiti. Eventualmente, el evento se fue expandiendo alrededor del mundo, sobre todo en países “potencia” y poco a poco se fue promoviendo la participación de grandes exponentes latinoamericanos dejando ver que por estas tierras existe un potencial grandísimo y permitiendo que más tarde se abrieran las puertas a la realización del evento dentro del mal llamado “tercer mundo”, lo cual posibilitó la entrada a otros artistas que no habían podido ser partícipes en eventos anteriores fuera del país.

En Colombia nunca han sido pocos los que nos han representado de manera gratificante dentro del graffiti alrededor del mundo. Eventos similares a lo que ha sido el MOS como el Festival Tercer Mundo o The Best Writers, en la ciudad de Bogotá, dieron pie a que diferentes artistas y grupos se reunieran para intervenir grandes espacios dentro de la ciudad, al igual que la posibilidad de que entusiastas y fanáticos del graffiti pudieran presenciar grandes obras e intervenciones, ejecutadas por los que se consideran como los mejores exponentes, congregados en una misma zona, ya que normalmente el trabajo de estos se reparte a lo largo y ancho de la ciudad. Gracias a estos eventos locales, también fue posible ver por primera vez a diferentes artistas internacionales, cuyo trabajo anteriormente solo podía limitarse a ser visto a través de revistas o internet. La gran diferencia que existe entre el Festival Tercer Mundo y el evento conocido como The Best Writers es que el primero, consiste en una reunión de artistas élite pero más a nivel local o nacional, con algunas participaciones internacionales; mientras el segundo consistía en la realización de una competencia donde prácticamente cualquiera podía participar, pagando un cupo que le hacía acreedor de un espacio en una pared y derecho a material para pintar (aerosoles). Además, durante el evento se debatían entre los participantes por realizar “piezas” limpias y creativas por un premio final. En un evento así, era posible que artistas no reconocidos, se codearan con otros más experimentados. Después de varios años de que el MOS tocó tierras latinoamericanas, finalmente en el 2014 pudo llegar a Colombia, con un invitado internacional aclamado por todo el que sepa de este asunto, Cantwo, exponente alemán. Este evento efectivamente ha tenido mal acostumbradas a algunas personas, que gracias al internet, se han alimentado de lo que ha sido de él en otros países, con un resultado brutal, en contraste con la mediocridad que según yo, se pudo evidenciar en el evento realizado en Bogotá ese año: mostró tal desorden logístico, que después de años de ver eventos locales bien organizados como los ya mencionados, simplemente deja un mal sabor de boca.

Ciertamente, el planeta tierra es un mundo de tendencias, y más desde la democratización del internet, ya que es posible acceder a todo tipo de información y datos, y es “ridículamente” fácil investigar cualquier tema y hablar sobre él. Y aún sin internet, el acceso a bibliotecas o documentos informativos es totalmente sencillo, al simple alcance de una credencial. De un tiempo para acá (no sé exactamente desde cuando), se ha creado una conciencia global sobre nuestra propia ancestralidad, se ha convertido en una necesidad obsesiva enterarnos sobre nuestros antepasados y sobre generaciones que pisaron la tierra antes que nosotros. En el caso de Latinoamérica, esto se ha evidenciado por una “nueva tendencia” hacia lo referente a los indígenas, tendencia que el propio rapero colombiano JHT, desde el viejo continente ha evidenciado y criticado como una moda absurda de apropiarse de las culturas indígenas como algo cool, tendencia que en realidad no es tan nueva ya que experimentos estéticos dentro de las subculturas urbanas como las crestas o las expansiones en las orejas son más antiguas de lo que se cree. Sin embargo, muy aparte de una estética o una forma de vestir (como indígena), la tendencia a la ancestralidad se ha tomado las artes. Diferentes artistas de todo tipo, han sentido la necesidad de mostrar diferentes características de lo que ellos mismos consideran que existía en el mundo antes de nosotros, evidenciado esto en películas como Apocalypto o El Abrazo de la Serpiente, representaciones enteramente gráficas y dicientes para el ojo del espectador. En la música esto se muestra a través del uso de instrumentos y ritmos ancestrales, que intentan (o logran) emular los sonidos originales tribales, y más exactamente en las letras de sus canciones, exaltando diferentes características de pueblos indígenas o recordando las injusticias que les han acaecido en el transcurrir de la historia. En las artes plásticas también se hace homenaje a las culturas indígenas en las obras de Oswaldo Guayasamín, de Ecuador o Luis Alberto Acuña, en Colombia, cada quién a través de un movimiento “indigenista” independiente.

Al igual que en todo tipo de expresiones artísticas se han logrado halagar las culturas indígenas, dentro del graffiti (o arte urbano) también se ha hecho; aunque el apego por la ancestralidad de los indígenas no es nuevo, y mucho menos dentro de las artes, en el mundo del graffiti si se está dando una tendencia demasiado fuerte sobre el tema y actualmente exponentes con grandes capacidades artísticas en la pintura o el dibujo, han optado por realizar intervenciones dentro del espacio público que dejen ver tanto sus destrezas como su exaltación de lo indígena.

Dentro del mundo de las tendencias y las modas, el graffiti no se salva de esto. Las formas más comunes que se pueden ver en la práctica del graffiti son las letras y eso es innegable, las hay de todo tipo: 3D, planas, redondas, monocromáticas, multicolores, entre otras. Pero debido a este “semi-nuevo” apego por lo indígena, también se han vuelto famosos los rostros indígenas pintados en las paredes. Es inevitable, tenía que suceder en algún momento, el graffiti no estaba exento de estas necesidades, la historia, la historia del arte y la historia de las artes está plagada de estas manifestaciones que buscan una conexión con el pasado y la forma de representarlo. Y eso es perfecto, no tiene nada de malo, pero hay unos más avanzados que otros. Los artistas colombianos que están experimentando ese arraigo y demostrándolo en su arte, en realidad están quedados si se comparan con artistas de países como México, cuyo arraigo y cultura precolombina siempre ha sido tan importantes, que en las calles de las ciudades nunca han faltado las formas Olmecas, Zapotecas y Mayas, entre otras.

Pero de cierta forma sí hay una moda, un afán por mezclarse con otros que ya hacen lo mismo y es curioso cómo existiendo tanta creatividad y tantas formas de ver, pensar y crear, en los resultados de convocatorias para eventos tan importantes como el MOS, los seleccionados son un clon tras otro y se entremezclan entre ellos. Artistas que le apostaron una estética indigenista para sus obras, y uno de cada país: está el colombiano, el ecuatoriano, el mexicano, el peruano y así. Parece que fuera obligatorio tener un rostro indígena realista en la hoja de vida de un artista y para participar en el evento los intercalan como: indígena, letras, indígena, letras, indígena, letras, indígena, letras y así sucesivamente.

Las culturas indígenas son esencialmente brutales, cuentan historias mágicas y magníficas, de lucha, creación, resistencia, inteligencia, y es bueno y necesario rendir culto a aquellos que nos hicieron quienes somos hoy, y cada artista que hace este tipo de representaciones, es tan brutal en su trabajo como los otros, eso no se puede negar. Sin embargo, este tipo de tendencias ligadas al arte, hace que exista una sobrecarga de imágenes de lo mismo y no se salga de esa zona de confort a la que se entra desapercibidamente.

Espero que todos los seleccionados e invitados a los diferentes MOS este año (2017) den lo mejor de ellos mismos y cada evento sea mejor que el anterior en los diferentes países.

Felipe Chaves Granada
(Bogotá, 1991) Eterno estudiante. Criticón de la vida, las personas y el arte. Cree en eso del “amor al arte”. Ha participado en diferentes exposiciones colectivas por presión académica. Ilustrador, artista urbano y tatuador por amor.
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