En la plaza (NO) nos vemos: la (in)visibilización de los relatos hondanos

Corría la última semana de julio cuando en la plaza de mercado de Honda empezaron a aparecer unas gigantografías dentro y fuera del sitio. Para cualquier residente, los rostros retratados eran fácilmente reconocibles: todas eran personas que llevan años trabajando en aquél lugar.

Muchos rumores empezaron a correr al respecto, que si esa era una decoración, que si era una iniciativa de la alcaldía. Hasta que un día en las redes sociales del Museo del Río Magdalena nos enteramos que era parte de una nueva exposición que estaría montada entre la Plaza de Mercado y la sala temporal del mencionado museo.

El artista tras las fotografías es Roberto Lombana y la exposición lleva por nombre En la plaza nos vemos.

Según la página del artista su intención era la de «visibiliza» a las personas que habitan la plaza y eran pasadas por alto porque hacían parte de la cotidianidad del pueblo. Así mismo, el día de la inauguración, Germán Ferro (quien funge como director y curador del museo del río) en su discurso menciona que la invitación era a que las personas externas entraran a conocer la plaza de mercado, puesto que los foráneos prácticamente se limitaban a ver la fachada. Por supuesto Richard Cardozo, alcalde de la ciudad, estuvo presente, mostrándose muy orgulloso de la exposición y las gestiones de Germán Ferro y Alberto Gómez (productor ejecutivo del museo).

Pero como todo en el arte nacional no es —ni de lejos— color de rosa, las reacciones no se hicieron esperar. El día previo a la exposición, personas que trabajaban en la plaza de mercado presentaron sus quejas en el «medio masivo» del pueblo: la radio.

Allí hicieron varios señalamientos, entre los que estuvieron:

  • Les trabajadores de la plaza de mercado (o al menos en su mayoría) no tenían conocimiento que su espacio de trabajo sería apropiado por estas fotografías.

 

  • La plaza de mercado se abre al público a las 6 AM, pero les trabajadores, por obvias razones, llegan horas antes para recibir y organizar mercancía, y estas fotografías estarían bloqueando la luz de las lámparas del interior de la plaza, lo que es un gran inconveniente para elles.

 

  • Una de las personas más conocidas de la plaza es el señor Ramón Caldas, esto se debe a que él lleva cerca de 60 años trabajando allí y su familia fue de las primeras en arrendar un local dentro de esta plaza. Dejando esto claro, el mismo señor Caldas contaría que tuvo que EXIGIR que se le fotografiara para que su rostro fuera incluido dentro de la exposición.

 

  • Las fotografías que fueron colgadas en el exterior de la plaza estaban bloqueando la arquitectura del sitio.

 

Para quienes no frecuentan o desconocen las dinámicas de la plaza de mercado dded Honda, éstas pueden ser nimiedades. Pero si el artista tenía como pretensión visibilizar a les trabajadores, la exposición se quedó corta. Si bien uno de los pilares de Honda radica en el turismo, el montaje de estas fotografías deja en evidencia que su principal enfoque estaba precisamente en ello, en llamar la atención de los turista. Y esto al parecer nada tenía que ver con el diálogo que tuvieran las imágenes con les trabajadores y lo que representa éste lugar para sus habitantes.

Para empezar, en una entrevista con el periódico Arteria, Roberto Lombana afirmó tener conocimiento del horario en el que inician las actividades dentro de la plaza que sería alrededor de las 4 am (incluso antes), aun así, sus fotografías fueron ubicadas en una parte donde se bloquean las luminarias internas del lugar.

Irónico que se llame «en la plaza nos vemos», cuando les trabajadores llegan y ni siquiera tienen una luz apta para ver su lugar de trabajo, sólo porque a un grupo de personas les pareció más importante colocar unas imágenes que más bien parecen vallas publicitarias de los pasillos de Almacenes Éxito.

Otro tema en el que se hizo hincapié fue la intención de hacer que la gente entrara a la plaza de mercado, como si la solución fuera colgar unas fotos allí, en lugar de gestionar proyectos en los que se dignifique el espacio para sus trabajadores o que hagan una crítica a la alcaldía de turno por su constante abandono.

En lo personal pienso que de nada sirve que haya un montón de imágenes allí dentro si la plaza de mercado sigue estando sucia y desordenada y sólo se piense en adecuarla cuando personas de las capitales quieren venir a explotarla culturalmente.

También me resultó curioso que insistieran tanto en visibilizar (que parece ser la palabra clave de la exposición) y ni siquiera conocieran la historia del señor Ramón Caldas, al punto que fuera él quien tuviera que exigir su presencia en la muestra.

Pero lo que más me incomoda es la falta de reflexión de los artistas alrededor de esa visión colonial que tienen. Pues, sucede lo mismo que pasó con la imagen de las tortilleras mexicanas, (esas mujeres que permiten recoger un gran soporte de relaciones entre género, cultura, economía, sociedad y política de su país), que terminaron siendo  desfiguradas dentro de las artes visuales: representadas de manera estilizada, con vestidos largos, cabello ordenado, apariencias serenas y atractivas.

Con la llegada de la fotografía, la representación de las tortilleras caería en un escenario ideado por Carl Nebel, quien planteó un constructo que se refiere a la genealogía de las imágenes, a la difusión que tuvieron y a cómo los artistas eran capaces de producir imágenes sin pisar suelo americano. (1) No sería sino hasta la aparición del muralismo mexicano que se recuperaría la imagen de la tortillera en donde se remarca su condición obrera afectada por la desigualdad de clases, destacando su labor en el trabajo, el proceso y la producción.

Así como en el caso de las tortilleras, a las personas que ejercen labores dentro de las plazas de mercado se les ha construido todo un relato visto desde fuera, donde el artista no frecuenta el lugar sino hasta el momento en que va a ejecutar su obra —en este caso, tomar las fotografías—, presentando unas imágenes completamente estetizadas donde las personas posan ante el lente, sonriendo satisfechas, como si no existiera todo un proceso tras el funcionamiento de ese espacio; como si sólo existieran los vendedores y no los coteros (porque así se le llaman a las personas que «cargan los bultos») o transportadores.

Sin mencionar una figura realmente olvidada de la zona: Los tapa-motos. Señores que andan con un montón de cartones bajo el brazo para ocultar los sillines de las motocicletas estacionadas y protegerlas del inclemente sol, esto con el fin de ganarse unas monedas para su sustento diario. Ellos también hacen parte del panorama cotidiano de la plaza de mercado, pero al parecer no son tan interesantes para aquellos que vienen de ciudades frías donde no saben lo que es ponerle las nalgas a un sillín caliente a medio día.

Las plazas de mercado son parte de los relatos biográficos de las personas que allí habitan, la frecuentan y de quienes hemos crecido viendo y conviviendo con este espacio, no lugares donde los artistas puedan venir simplemente a satisfacer su fetiche de la mercancía.

 

–Anggie Marcela Hernández

 

Notas

1.- Véase: https://artesdemexico.com/mujeres-maiz-la-representacion-de-las-tortilleras-en-las-artes-mexicanas/

Anggie Hernández
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